No Todo tiene un fin. Tarde o temprano. Incluso el amor. Dulce castigo. Y sí, lo reconozco, estaba enamorado. Mucho. Más de lo que se pueda imaginar. Y sí, también lloré. Claro que lloré. Como un niño cuando corre hacia su madre porque a colado su balón preferido en un árbol. Es doloroso perder algo que se quiere. Y menos si no lo esperas. Al principio cuesta. Parece que todo se acaba. Pero te vas acostumbrando. Todo te recuerda al amor, pero todos dicen que pasará. Y cuando menos lo esperas, pasa. Porque ahí están tus amigos para recordarte lo que vales. Para levantarte el ánimo, recordándote todo lo que eres. Como la madre recuperando el balón del hijo...
Poco a poco se olvidó el amor. Se olvidó la amistad. Tristemente, fue así. Se olvidó todo. Pero fue bonito, ¿verdad?. Claro que lo fue. Pero nadie es perfecto. Si siquiera tú. Ni siquiera yo. No quisiste verlo. Perfecto. Pasamos página.
A pesar de todo, de las tristezas, de los llantos y lamentos, la vida es maravillosa. Las personas van y vienen. Y claro que es triste que se vayan. Pero también es increíble ver como llegan. Y sin saber cómo, de la manera más tonta, está ahí una nueva persona. Que te escucha. Que se deja escuchar. Y que además, le gustará o no, pero te comprende. Y sí. Eso hoy en día hay que apreciarlo. Porque personas así quedan pocas. Seguro que tiene defectos. Claro, todos los tenemos. Pero hay que respetarlos y aprender de ellos.
Realmente, no creo que un clavo saque otro clavo. Sería egoísta. ¿Para que iba a querer más clavos?
Hay que apreciar a cada persona por como es, única, especial. Y en este caso, una bellísima persona, que aunque me llame bicho, siempre tendré algo que decirle. Y es solo una palabra. Gracias.
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